27 d’octubre, 2012

De la mejora de nuestro pensamiento colectivo e individual


Un buen amigo asegura que “nuestra primera obligación como revolucionarixs es ser felices... No hay mejor propaganda... Y será nuestra mejor venganza!

Incluso ahora, inmersos en el proceso de desposesión y represión al que venimos siendo sometidos, estamos completamente de acuerdo con la anterior afirmación porque entre otras cosas sabemos distinguir entre una felicidad “hedónica” (la que el sistema dominante prescribe, de carácter exterior: lo que el mundo puede ofrecerme) de una felicidad “eudaimónica” (la que el sistema dominante esconde, de carácter interior: lo que yo puedo ofrecer al mundo y a los otros, lo que hago, lo que soy).

Siguiendo esa línea, estamos tentados de afirmar que “nuestra segunda obligación como revolucionarixs podría ser pensar bien y conseguir transmitir nuestras ideas de manera seductora.

Pensar bien y hablar bien es sin duda un asunto complejo pues se trata simultáneamente de una técnica y de una ética. Algunos factores del “pensar bien” son de sobra conocidos por todxs y según nuestro punto de vista incluyen, entre otras muchas cosas, informarse a través de medios de comunicación alternativos que no estén al servicio de las grandes empresas, la banca o los poseedores del capital, desarrollar nuestra escucha activa y nuestra empatía en la conversación, mejorar nuestra capacidad de resolver conflictos, desterrar la resignación y el derrotismo, huir de las exageraciones, ser precisos (y concisos) en el uso del lenguaje, desechar o cuestionar algunas certezas adquiridas y no demostradas, armarnos de paciencia, de respeto, de amor, y especialmente mantener un pensamiento sano y no cometer errores cognitivos…

En realidad poco podemos decir en este escrito acerca del “pensar bien” que no conozcáis ya. Cada cual sabrá muy bien donde enfocar su propia mejora. Pero lo que si podemos hacer con mucha más exactitud es poner de manifiesto algunos de los principales factores del “pensar mal”, para de esa manera estar en guardia y poder así evitarlos.

En un nivel colectivo, tal y como los presenta la teoría cognitivo-conductual, los principales errores cognitivos en los grupos son:

Sobregeneralización: consiste en extraer conclusiones y mantener valoraciones generales y absolutas a partir de datos o acontecimientos que son insuficientes para sostenerlas, como cuando alguien en un grupo de trabajo afirma: “Nunca se tienen en cuenta mis opiniones”. Cuando al hacer una crítica se sobregeneraliza, se invalida su interés y se somete al grupo a un aumento innecesario de emociones negativas, dando lugar a consecuencias como la inmovilidad, la frustración o el bloqueo. Cuando se produce una sobregeneralización (siempre+nunca o todo+nada) en los dos extremos de un grupo polarizado, el avance se torna especialmente difícil.
Dicotomización: Es el error por el cual una escala gradual de valores se reduce a dos, generalmente opuestos y extremos (bien/mal; antiguo/moderno). Es producto de la economía de esfuerzos y la tendencia a simplificar. En ocasiones puede ser útil como estratagema en la comunicación y en la persuasión, pero el problema aparece cuando se aplica de forma automática como procedimiento de análisis. La dicotomización en estos casos dificulta la percepción del avance grupal, reduciendo la percepción de los matices que son los que nos permiten progresar. Los grupos suelen estar sedientos de construir esas polaridades porque favorecen la polémica, la interacción competitiva y porque son más entretenidos. Por eso la dicotomización puede ser indicada para un debate televisivo, pero en grupo que pretende construir pensamiento colectivo es una limitación.
Falsa exclusión: Plantea como mutuamente excluyentes términos que no lo son (o te ríes o trabajas). La falsa exclusión alimenta falsas elecciones (en el ejemplo anterior, el hecho de no reír no significa que trabajes). Las soluciones colectivas suelen ser más arduas e inestables que las individuales y se basan en análisis más complejos. La falsa exclusión permite una visión más simplista (y polémica) de la realidad y dificulta el establecimiento de planteamientos compartidos.
Selección negativa: Consiste en percibir sólo los aspectos negativos de la realidad eliminando aquellos que son positivos o neutrales, dificultando de esa manera una adecuada visión global. La selección negativa induce a pensar en términos de inconvenientes y dificultades, oscureciendo las posibilidades y oportunidades. En los grupos, la selección negativa se acentúa cuando una idea se sale de lo rutinario o no es convencional.
Negación temprana: Es un automatismo por el cual ante una situación o un problema en el que se tarda en alcanzar una solución colectiva se responde “no sabemos” o “no podemos”, sin darse un tiempo para reflexionar. La negación temprana por parte de un miembro del grupo dificulta al resto la decisión sobre si verdaderamente se tienen soluciones para el problema o no.
Las formulaciones difusas: Hay problemas que se mantienen mucho tiempo o siempre en estado difuso porque el grupo no hace un esfuerzo de precisión en la manera en que se formulan. Por el contrario, las formulaciones precisas invitan a pensar el problema o el obstáculo en términos de solución. Hay que estar muy atento y prestar atención pues en ocasiones alguien del grupo con interés en polemizar puede convertir una formulación que ya era precisa en una formulación más difusa.

(Extraído de: Cembranos, F. y Medina, J.A. – “Grupos inteligentes. Teoría y práctica del trabajo en equipo. Ed.Popular, Madrid, 2011)

En un nivel individual, muy en consonancia con las anteriores, presentamos a continuación un breve esquema de las principales “ideas deformadas” según la teoría cognitivo-conductual. (Ideas deformadasque ya no sólo afectan de forma negativa a nuestra actividad social y política sino también a nuestro bienestar psicológico personal, enganchando de esa manera con nuestra primera obligación revolucionaria:ser felices):

Filtraje: Se toman los detalles negativos engrandecidos mientras que no se filtran los aspectos positivos de la situación. Solo se ve un elemento de la situación y se omiten el resto. El resultado es que todos los temores, carencias, tristezas e irritaciones se exageran en importancia porque llenan la conciencia con exclusión de todo lo demás. Las palabras clave para este tipo de filtraje son del tipo “horroroso”, “tremendo”, “terrible” y la frase clave es “no puedo resistirlo más” La solución: 1.- No exagerar: para combatir la exageración hay que dejar de utilizar palabras como “horrible, tremendo, terrible, etc.”. Hay que desterrar la frase “no puedo más”. 2.- Modificar el origen: Para vencer el filtraje hay que modificar el origen deliberadamente. Dos formas: a) centrando la atención sobre las estrategias de afrontamiento del problema, sin obsesionarse por el propio problema. b) Categorizando el tema mental primario (perdida, injusticia, peligro…) si el tema es el peligro se prestará atención a las cosas del ambiente que representen seguridad, si es la perdida se prestará atención a lo que se mantiene, etc.
Pensamiento polarizado: No existe término medio. Se tiende a percibir cualquier cosa de manera extremista, sin términos medios. Las personas que padecen este tipo de distorsión fracasan en las percepciones medias y sus reacciones ante cualquier situación oscila de un extremo emocional a otro. Especial atención a como se juzgan a si mismas este tipo de personas. La solución: La clave para vencer el pensamiento polarizado es dejar de hacer juicios de todo o nada. Se trata de ser más ecuánime y relativo respecto a las valoraciones que se hacen.
Sobregeneralización: Se obtienen conclusiones generalizadas a partir de un solo elemento indicio o de un accidente simple o del azar. Las sobregeneralizaciones se expresan a menudo en forma de afirmaciones absolutas. Es pensamiento rígido. En los juicios globales se generalizan una o dos cualidades pero se obvia el resto. La etiqueta ignora las evidencias en contra, convirtiendo esta visión del mundo en estereotipada y unidimensional. Las palabras que la indican: todo, nadie, nunca, siempre, todos, ninguno… La solución: La sobregeneralización es la tendencia a exagerar, la propensión a sacar conclusiones de un solo indicio. Se puede combatir esta tendencia desterrando de nuestro discurso palabras como “inmenso, tremendo, total, todos, nadie, la gente es, etc.”.
Interpretación del pensamiento: La persona cree que sabe lo que los demás piensan. Cuando una persona interpreta el pensamiento de los demás suele hacer juicios repentinos y equivocados. En la medida que su pensamiento interpreta también hace presunciones. Las interpretaciones dependen de un proceso denominado “proyección”: una persona imagina que la gente siente y reacciona de la misma manera que ella. No se da cuenta de que las personas son muy diferentes. Las interpretaciones de pensamiento aceptan conclusiones que sólo son verdad para uno mismo, y pasan por alto que es probable que no sean aplicables a otras personas. La solución: Hay que tratar todas las opiniones sobre la gente como hipótesis que deben ser probadas y comprobadas, cuestionándolas con sumo cuidado. No somos infalibles en nuestros juicios, las más de las veces es al contrario. Se puede ir asentando un juicio, pero no se debe actuar precipitadamente sin antes no haber comprobado la hipótesis de partida fehacientemente.
Visión catastrófica: Como su propio nombre indica se trata de una manera de pensar exagerada y negativa. Suele ser una preocupación, es decir, una anticipación del peligro o del problema. Los pensamientos catastróficos suelen comenzar con las palabras: “y si…” La solución: Estudiar las probabilidades reales y mantener la calma y la serenidad. Hay que estar alerta porque la visión catastrófica genera bastante ansiedad, lo cual puede llegar a dificultar la claridad de pensamiento.
Personalización: Es la tendencia a relacionar algo del ambiente consigo mismo. La persona cree que lo que la gente hace o dice es una forma de reacción ante ella. El error básico en la personalización es que se interpreta cada experiencia como una pista para analizarse y valorarse a si mismo. Como derivación se encuentra la tendencia a compararse continuamente con los otros. La solución: No se deben sacar conclusiones a menos que se esté convencido de poseer evidencias y pruebas razonables. Por otra parte es importante abandonar el hábito de compararse uno mismo con los demás. Cuando se pierde en esa competición (y en algún momento se pierde) la propia autoestima puede quedar muy dañada. El valor de una persona no consiste en ser mejor que los demás. No tienes nada que demostrarle a nadie.
Razonamiento emocional: Reposa en la creencia de que lo que la persona siente tendría que ser verdadero. Pero las emociones por si mismas no tienen validez, son producto del pensamiento. Si una persona tiene pensamientos y creencias deformadas, sus emociones reflejarán esas distorsiones. La solución: Los sentimientos pueden engañarnos. Lo que una persona siente depende enteramente de lo que piensa. Si tiene pensamientos distorsionados, sus sentimientos no tendrán validez. Hay que ser relativamente escéptico sobre los sentimientos y examinarlos críticamente.
Tener razón: La persona tiene que probar continuamente que su punto de vista es el correcto. No está interesado en la posible veracidad de una opinión diferente de la suya, sino tan solo en defender su propia posición. La solución: Cuando siempre se pretende tener razón es que no se escucha a los demás. La clave para combatir esta falacia es la escucha activa. Hay que concentrarse en lo que se puede aprender de la opinión de los demás.
Falacias de control: Una persona puede verse a si misma impotente y externamente controlada, o bien omnipotente y responsable de todo lo que ocurre alrededor. La persona impotente se bloquea, termina por no hacer nada, no encuentra soluciones, es pasiva… Se siente indefensa y resentida. No se da cuenta de que siempre hay cierto margen de actuación y que en buena medida cada cual es responsable de lo que le ocurre. La persona responsable de todo lleva el mundo sobre sus hombros, es responsable de la felicidad de la gente que conoce, debe hacer justicia en todas las ofensas, saciar toda necesidad, etc. y si no es así, se siente culpable. La omnipotencia depende de 3 elementos: sensibilidad hacia las personas que le rodean, creencia exagerada en su poder y la expectativa de que es él y no los demás los responsables de la justicia y la satisfacción de las necesidades. La solución: Normalmente las personas suelen alcanzar en la vida lo que para ellas es su máxima prioridad. En este sentido no se puede olvidar que la persona es responsable de sus actos, no es impotente, siempre hay margen de actuación, sea mayor o menor en función de las circunstancias. Por otra parte y respecto a la falacia de la omnipotencia, la clave se trata en reconocer que cada uno es responsable de sus actos. Si alguien tiene dolor, él mismo tiene la última responsabilidad de vencerlo o aceptarlo. No es lo mismo ser generoso y colaborador que una adherencia espartana a la convicción de que hay que ayudar a todo el mundo. El respeto a los demás incluye dejarlos vivir sus propias vidas, sufrir sus propias penas y dejar que sean ellos quienes solucionen sus propios problemas.
Falacia de la justicia: Aplicación de normas contractuales, jurídicas o ideológicas a las relaciones interpersonales. La justicia es una evaluación subjetiva y no coincide en todas las personas. Por otra parte, sin darse cuenta, la justicia puede ser puesta a trabajar al servicio de los propios intereses. El resultado es la sensación de estar siempre en guerra y un creciente sentimiento de enfado. La solución: En ocasiones el mundo de la justicia puede convertirse en un disfraz de los gustos y preferencias personales. Lo que uno quiere es justo, pero lo que los demás quieren no lo es. Se trata entonces de ser honesto consigo mismo y con los demás. Siendo asertivo uno puede pedir lo que necesita o lo que desea sin necesidad de revestirlo con la falacia de la justicia.
Los debería: Cercano al anterior: “los debería”. La persona se comporta de acuerdo a unas reglas inflexibles que deberían regir la relación de todas las personas (él mismo y los demás). A menudo la persona adopta la posición de juez, de los otros y de si mismo. La gente le irrita, los demás no actúan consecuentemente. Las palabras que indican esta distorsión son: debería de, habría que, tendrían que… La solución: Las normas y expectativas flexibles no utilizan las palabras “debería, tendría que, habría que” porque siempre existen excepciones y circunstancias especiales. Los valores personales de la gente son precisamente personales y uno no puede irritarse porque la gente no actúe como uno quiere. Todos tenemos derecho a una opinión, pero debemos considerar la posibilidad de estar equivocados.
Falacia del cambio: La falacia del cambio supone que una persona se adaptará a nosotros si se la presiona lo suficiente. Así la atención y la energía se dirige a los otros. La felicidad parece encontrarse erróneamente en que alguien satisfaga nuestras necesidades. El supuesto fundamental de este tipo de pensamiento es que la felicidad depende de los actos de los demás. La realidad es que la felicidad depende de múltiples decisiones que el sujeto toma en cada ocasión. La solución: La suposición es que la felicidad de la persona depende de los demás y de su conducta. Pero la felicidad no depende de los demás sino de la propia persona y de cada una de sus decisiones.
Falacia de culpabilidad hacia otros: Se busca culpables externos de algo que nos ocurre y nos hace sufrir. La persona mantiene que los demás son los responsables de su sufrimiento. A menudo la culpabilidad implica que otro se convierta en el responsable de elecciones y decisiones que realmente son de nuestra propia responsabilidad. La solución: Cada persona es responsable de afirmar sus necesidades, decir no, o irse a otra parte. Ser honesto consigo mismo y rastrear en el pasado las decisiones que nos ha llevado a la situación actual. Nada sale gratis en la vida.
Falacia de culpabilidad hacia si mismo: Otra vertiente es la inversa de la anterior, cuando una persona se culpabiliza exclusivamente de lo que le pasa y se culpa de todos los problemas propios y ajenos. La solución: Sentirse responsable no implica que también se sea responsable de la felicidad de los demás. Culparse a si mismo por los problemas de los demás es una forma de autoengrandecimiento, pensando que se tiene más impacto sobre la vida de los demás del que realmente se tiene. Existe diferencia entre sentirse responsable y volver la culpabilidad hacia si mismo. Sentirse responsable es aceptar las consecuencias de nuestras propias elecciones. Culparse a si mismo significa atacar la propia autoestima.
Falacia de la recompensa divina: Una persona se comporta “muy correctamente” en espera de alguna recompensa. Sacrifica presente por futuro, pensamiento de tipo cristiano o militante-mal-entendido. El resultado es que la persona se va haciendo hostil y resentida, a fuerza de no recibir recompensas y ver como otros si consiguen sus objetivos sin comportarse “tan correctamente”. La solución: La recompensa hay que recibirla ahora. No cambiar presente por futuro. No imaginar recompensas inexistentes. Las relaciones con otras personas, la consecución de pequeños fines y el cuidado de la gente que se ama son intrínsecamente recompensantes. Es parte de la responsabilidad de cada uno preocuparse por no hacer cosas que después le lleven a estar resentido.

En definitiva, con esto del “pensar bien” no se trata de ser mejor que la voraz e irresponsable clase dominante, -eso es muy fácil-… se trata de ser mejor que nosotros mismos.

TroppoVero

27 de setembre, 2012

LUZ LIBERTARIA EN LOS VALLES DEL VINALOPÓ. LOS PUEBLOS DESPIERTAN. HACIA LA HUELGA GENERAL.





Tras el arresto del compañero que hizo la pintada pro-boikot Mercadona, a pleno día sobre la fachada del cuartel de la guardia civil de Monòver, y el cual será juzgado el próximo jueves a las 10.00h en Novelda, una oleada de luz libertaria recorre los Valles del Vinalopó. 

La misma noche de la detención del compañero varios activistas, perpetrados de escalera, martillo y cincel, acabaron con unas cuantas placas del ministerio de la vivienda franquista que ensuciaban las calles de Monòver. 

La noche siguiente, compañeros de la vecina población de La Romana lazaron un cóctel molotov contra las dependencias del ayuntamiento causando algunos desperfectos en el despacho del alcalde. [+]

Finalmente esta misma mañana han aparecido nuevas pintadas frente a la casa de cultura de Monòver subrayando el negocio en el que se quiere convertir la cultura y otra frente a una de las fachadas de Mercadona en la que se deseaba a todxs los que por allí pasasen un Feliz Iva … encubierto..

Parece que está próximo el momento, el pueblo despierta de un letargo de anquilosadas generaciones y desde Alacant Obrer nos solidarizamos con el compañero arrestado y alentamos a reproducir sin miedo estos actos de rechazo a todos los símbolos de la autoridad reinante, porque entendemos que cuando no nos dejan otro camino, la mejor solución es luchar y apoyar a los que luchan oponiéndose firmemente a las miserias que el estado nos vende como lícitas. 

Ni una acción represora sin respuesta. 
Porque no somos esclavxs ni lo seremos jamás. 

Salud y Libertad

19 de setembre, 2012

Ni un pas enrere (Fora de les nostres vides)


SI NO PODEM DECIDIR, NO PODEM SER LLIURES


En motiu del 28 de setembre, Dia Internacional per la Despenalització de l'Avortament,continuem fent nostre la proposta que va sorgir el 1990 de les feministes llatinoamericanes i caribenyes d'adoptar un dia de reivindicació anual pel Dret al Propi Cos.
Històricament el Patriarcat i les Institucions que el perpetuen han volgut dominar el cos de les dones (negant la nostra capacitat de decidir sobre el nostre cos, la nostra sexualitat i el nostre plaer) i controlar la nostra capacitat com a reproductores de la força de treball (interposant-se en la nostra voluntat o no de ser mares), utilitzant tots els mecanismes possibles. L'avortament ha estat i és una realitat en totes les societats, més enllà dels paràmetres legals, i ho seguirà sent, ja que les dones sempre hem trobat fórmules per dur-lo a terme.

Ens trobem en un context de sever empobriment de la classe treballadora, atur, desnonaments i sota el pretext de la crisi econòmica, retallades socials i constants nous atacs als drets de les dones. Des de la pujada al poder de la dreta més conservadora s'està amenaçant constantment l'accés a l'IVE. A Catalunya, el govern de CiU s'excusa en la crisi per poder impedir la gratuïtat i l'accés a l'IVE. Per la seva banda, el govern del PP no és tan subtil, i directament utilitza arguments moralitzants i des de la seva pujada al poder amenaça amb una reforma de la llei que ens vol fer retrocedir trenta anys enrere. Per la seva banda,els integrismes religiosos, a la seva misogínia i demagògia habitual hi estan sumant falsos arguments econòmics i per justificar la voluntat de control del cos de les dones. Com per exemple les declaracions del bisbe de Granada. La precarietat del mercat de treball, les diverses reformes laborals i les retallades estan expulsant del sistema productiu a les dones fent-les econòmicament dependents del seu marit, posant dificultats a qualsevol tipus d'organització familiar fora de la parella heterosexual. En un context de dificultats econòmiques per la majoria de la població, les dones amb menys recursos es poden veure abocades als avortaments clandestins i en condicions precàries, posant en perill les seves vides o sent empeses a una maternitat no desitjada. Alhora aquest context complica el poder proporcionar una vida digna a una persona de més en la nostra vida si decidim tenir filles o fills. Paradoxalment doncs, aquells que ens prenen els recursos que ens permetien mantenir una persona ens neguen també el dret a decidir tenir-la.

És només gràcies a la lluita de les dones que hem aconseguit esgarrapar alguna millora, com la modificació de la llei que permet no haver de justificar l'avortament dins les primeres 14 setmanes. Cal recordar però els impediments soferts per tal de fer realitat dites millores, com és el fet que en algunes Comunitats Autònomes no existeixen clíniques on es practiquen IVEs o que les dones migrants han deixat de disposar del Dret a l'Avortament en la sanitat pública.

Tot i així aquesta llei queda molt lluny de ser una regulació que respongui a les necessitats reals de les dones. En un dia com avui continuem reclamant el nostre dret a decidir:
Per una despenalització de l'IVE i el seu accés lliure i gratuït als espais públics per a totes les dones autòctones o immigrades! Pel dret a decidir de les dones sense límits de terminis en l'embaràs i garantint la seva plena autonomia! Perquè estigui inclòs dins del sistema sanitari públic! Pel reconeixement de la capacitat d'autogestió de les dones! Per la regulació de l'objecció de consciència! Per una educació afectivosexual amb perspectiva de gènere i no heteronormativa!Per una informació dels mètodes anticonceptius segurs i la seva gratuïtat!


Ni un pas enrere en defensa dels nostres drets i llibertats. Avortament lliure i gratuït!

DRET AL PROPI COS!!!! 
AVORTAMENT LLIURE I GRATUÏT!!!
manifestació / 28 de setembre, 19:00 hores.
Delegació de Govern. C/ Mallorca, 278 Barcelona

16 de setembre, 2012

Olas y espuma. Otros modos de pensar estratégicamente (Amador Fernández-Savater)


Eficacia y 15-M
El debate sobre la eficacia no es algo nuevo en el 15-M. Está desde el comienzo. Qué queremos, cómo conseguirlo. Son preguntas que insistían una y otra vez en las asambleas de las plazas. Las posiciones se polarizaron enseguida: ¿debemos volcarnos en conseguir un consenso de mínimos que oriente la acción o el mayor logro del movimiento es el movimiento mismo, el proceso de aprendizaje de otras maneras de estar juntos? ¿Vamos lentos porque vamos lejos o vamos a menos porque no sabemos dónde vamos? No supimos o no quisimos inventar una diagonal entre ambas posiciones, una respuesta inédita al debate clásico sobre procesos y objetivos.
El debate se ha intensificado tras el primer aniversario del 15-M y en torno al 25-S. Viene atravesado por una profunda angustia: el proceso acelerado de la catástrofe económica amenaza con llevárselo todo por delante en un tiempo récord. ¿Cómo se frena esa locomotora desbocada y suicida? Se oye decir: el primer 15-M -un torbellino caótico y emocional, que avanzaba a golpe de improvisación, inmediatez y entrega humana sin límites- debe ahora dejar paso a otra forma “más eficaz”. Puede ser. El 15-M es un movimiento que evoluciona y se transforma: lo que sirvió en un momento dado puede no ser lo más indicado en otro, la fidelidad no significa repetición sino constante recreación. La gracia del 15-M es que es una idea viva y editable: se puede tocar, alterar, transformar.
Problemas del pensamiento estratégico tradicional
Pero, ¿qué significa “más eficaz”? El problema de la eficacia se vincula al de la estrategia: se dice que lo que necesita el movimiento para ser más eficaz es “pensar estratégicamente”. La estrategia es un pensamiento sobre la relación entre medios y fines, lo que se pretende y cómo se consigue. Implica fijar una dirección (finalidad) y tener visión de conjunto (totalizar). Y pasa por marcarse objetivos claros desde el análisis de la coyuntura, señalar con precisión al enemigo, establecer una continuidad de las operaciones, acumular fuerzas, medir bien los riesgos, etc.
Me entran dos dudas. La primera: ¿se puede pensar estrategicamente una realidad fuera de quicio como la que vivimos, donde se encabalgan y entrecruzan los saltos, las aceleraciones repentinas, los conflictos y las negociaciones entre una maraña de actores heterogéneos? ¿Cómo pensar estratégicamente en contextos de fuerte indeterminación, complejidad y dispersión, cuando el pensamiento estratégico es siempre un pensamiento del largo plazo, la acumulación y la continuidad?
La segunda: ¿cómo pensar estratégicamente desde un movimiento anómalo como el 15-M? Los que empatizan con él y sus detractores coinciden: el 15-M es verdaderamente una cosa rara. Un objeto volador no identificado. No se define como los movimientos sociales “de toda la vida” por una estructura organizativa y una identidad clara, con fronteras nítidas y filtros de entrada. Por eso tratamos de aferrarlo con imágenes diferentes y decimos que es “otro estado mental” o “un nuevo clima social”. Pero, ¿se puede pensar estratégicamente un cambio climático: ambiental, difuso, deslocalizado, intermitente, complejo?
Hay quien responde: “no hay estrategia posible, sólo nos cabe la improvisación”. Quizá. Pero lo que me interesa ahora más bien es indagar en otras imágenes posibles de estrategia. Empezar a pensar la política de otro modo fue sin duda una victoria del 15-M. Pero se trata de una victoria precaria: en proceso, en absoluto irreversible, que se trata de actualizar una y otra vez. Porque “la vieja política” no es tal o cual grupo determinado de gente, sino una pereza que nos atraviesa a todos: la de poner un saber donde debería haber un trabajo de pensamiento o creación. Quizá está un poco averiado, pero el saber estratégico tradicional es lo que hay. Sus esquemas mentales operan en nuestra cabeza y ordenan nuestra percepción de lo posible y lo deseable. ¿Podemos inventar otras imágenes de eficacia y estrategia más adecuadas al “nuevo cerebro 15-M”? El pensamiento de François Jullien me parece altamente inspirador a ese respecto.

La idea china de eficacia

François Jullien es un sinólogo y filósofo francés que ha escrito numerosos libros sobre las diferencias entre los modos de pensar chino y occidental. Su intención es salir del pensamiento occidental para mejor poder así interrogarlo radicalmente, es decir, llegar hasta la raíz: sus presupuestos, sus pilares, a veces impensados. Su manera de salir es dar una vuelta por China. China es el afuera que devuelve una mirada imprevista sobre el interior del pensamiento occidental. Jullien establece ese contraste a partir de puntos muy concretos: el arte, el cuerpo, el tiempo o el mismo pensamiento. El libro que voy a comentar (casi diría parafrasear, por eso ni siquiera cito) se llama Tratado de la eficacia y es una reflexión sobre los distintos acercamientos al arte militar de la guerra: en China por ejemplo Sun Zi o Sun Bin, en Occidente por ejemplo Von Clausewitz.

¿Cuál es la diferencia? Occidente divide el mundo en dos: lo que es y lo que debe ser. Es el gesto platónico fundador de toda una metafísica o visión del mundo. La idea occidental de eficacia se deriva de aquí: se trata de proyectar sobre la realidad lo que debe ser (en forma de Plan o Modelo) y tratar de materializarlo (llevarlo a la práctica, aterrizarlo). Entre el ser y el deber media la voluntad humana de colmar esa brecha y “enderezar la realidad” (ponerla derecha, es decir según el Derecho, la Ley, lo que debe ser). El entendimiento abstrae y modeliza, la voluntad aplica, ejecuta. En el caso del arte militar de la guerra, el Estado Mayor propone el Plan y los ejercitos rompen las resistencias que opone la realidad. La batalla campal donde se lucha por aniquilar completamente al enemigo es el momento decisivo en el que se juega todo: la “esencia” de la guerra.

Según Jullien, los chinos piensan la estrategia de modo completamente diferente. No dividen el mundo entre el ser y el deber ser. Es decir: no parten de un Modelo o Plan, sino del mismo curso de lo real. Lo real no es materia informe o caótica que espera nuestra organización: ya está organizado. Tiene propensiones, inclinaciones y pendientes que se pueden detectar y aprovechar. Es lo que Jullien llama “factores facilitadores” o “potenciales de situación”. El trabajo del buen estratega no es modelizar y proyectar primero, para aplicar después, sino más bien escuchar, evaluar, acompañar y desarrollar los potenciales de situación. No actuar, sino ser actuado. No forzar: secundar. No perseguir directamente un objetivo, sino explotar una propensión. Porque los efectos están contenidos en ella. Es como surfear una ola: no se trata de domeñarla, sino de ir juntos hacia el mismo sitio. Dejarse llevar. El mundo sólo es resistencia y obstáculo desde la óptica del control.

Dos figura clave del pensamiento estratégico occidental quedan aquí gravemente cuestionadas:

-la vanguardia-sujeto. La iniciativa no proviene de ningún sujeto, sino de la situación: la ola de fondo. De hecho las vanguardias (el Estado Mayor de la política) estropean los factores facilitadores al querer forzarlos: los saturan, no dejan que pasen los efectos, se hacen notar demasiado, volviéndose fácilmente identificables para el enemigo. Lo que la estrategia china requiere más bien son “retaguardias” capaces de escuchar, acompañar y cuidar los procesos. Siempre discretamente, dejando pasar los efectos. Su potencia es la del vacío: puerta, fuelle, boca o valle. Las retaguardias no decretan lo que debe ser, sino que evaluan y acompañan las fuerzas ya presentes. No planifican lo que debe pasar, sino que elaboran diagramas de lo que ya está pasando: qué pasa, cómo pasa, por dónde pasa. No planes, sino diagramas.

-la intervención-batalla. La batalla para los chinos no es el momento decisivo donde se juega el todo por el todo, la esencia de la guerra. Sólo es la materia visible sobre la ola de fondo: repunte, cresta, espuma. Lo decisivo se juega siempre antes. En la escucha atenta a los factores facilitadores, en el desarrollo del proceso, en el cuidado atento de las situaciones, en el acompañamiento discreto de los potenciales. Lo visible no es siempre lo más interesante. Lo excitante no es siempre lo más importante.

La hegemonía en Gramsci

China y Occidente no son compartimentos estancos. Jullien polariza para exagerar las diferencias y así poder verlas mejor, pero existen contaminaciones y líneas transversales. Por ejemplo, el pensamiento sobre la hegemonía en Gramsci, el filósofo marxista italiano. Gramsci pensaba a la china al decir: “cuando se hizo la Revolución Francesa, ya se había ganado”. Se refería a que el movimiento de las Luces había socavado durante años los pilares del Antiguo Régimen proponiendo otra definición de la realidad: todos los seres humanos, independientemente de su origen, sexo o condición, son igualmente capaces y dignos. El poder del Antiguo Régimen se reproducía cotidianamente en las maneras corrientes de entender las relaciones, el trabajo o la política, a las que subyacían visiones del mundo jerarquizadas. La Revolución Francesa, antes que jugada excepcional que da jaque al Rey, fue lento desplazamiento sísmico, elaboración y propagación de otra visión del mundo. Construcción de hegemonía, dice Gramsci. El acontecimiento de la Revolución simplemente recogió ese fruto maduro (también es muy importante saber recoger el fruto o efecto, advierte Jullien, antes de que se pudra). Pero lo decisivo no fue tanto el día de la Revolución, como el proceso previo: silencioso, difuso, ambiental. Un cambio climático. Quizá algún revolucionario se quejaba un día antes del levantamiento “de que no pasa nada, con lo mal que está todo”. Pero en la lógica china las cosas más importantes pasan cuando no pasa nada.

El proceso constituyente está siendo

Jullien o Gramsci nos proponen otras imágenes para pensar la estrategia y la eficacia. No perseguir directamente un objetivo, sino más bien suscitarlo detectando los factores facilitadores y acompañando los potenciales de situación. Eficacia indirecta, estrategias oblicuas. Algo muy difícil de aceptar para nuestro orgullo occidental de autores-sujetos, para nuestra necesidad “estructural” de drama y heroísmo (el momento de la verdad), épica y epopeya (el relato del acontecimiento excepcional).

Pero en todo caso, mi idea no es contraponer las imágenes “buenas” de estrategia y eficacia a las “malas” y dar a elegir, sino sobre todo cuestionar los presupuestos e implicaciones del pensamiento estratégico tradicional basado en las nociones de dirección (finalidad) y visión de conjunto (totalización). El problema es la visión instrumental de la realidad que se tiene desde aquí. Los procesos no valen por sí mismos, por los nuevos valores que sean capaces de engendrar, por lo que en ellos podamos aprender. Sólo tienen valor en función del lugar que ocupan en el Plan. ¿Sirven a la acumulación de fuerzas? ¿Van en la dirección correcta? Son partes de un todo y puntos en una línea de tiempo preestablecida. El pensamiento estratégico tradicional implica siempre un gesto de centralización que se lleva mal con la autonomía de las situaciones, sus tiempos y recorridos propios.

El “proceso constituyente”, es decir el proceso plural y deslocalizado pero a la vez climático o ambiental (general), de desconfiguración de la realidad existente y configuración de otra realidad, está siendo. Lo decisivo es escuchar y sintonizar con esta ola de fondo. La República del 99% ya está aquí (o de lo contrario nunca estará). Se trata de desplegarla: detectar, desarrollar, articular y comunicar sus potenciales de situación. La gran estrategia no tiene golpes de efecto, la gran victoria no se ve.

24 d’agost, 2012

El Bloqueo: 5 de noviembre 2012






Pedimos el apoyo en la difusión de la acción "5-N El Bloqueo"...


En vista de los acontecimientos de los últimos años y sin olvidar la represión, la censura y el caos que a creado este sistema Capitalista a lo largo de la historia, Nosotr@s, las nadie, nos vemos obligadas a reaccionar de la única manera que podemos tras siglos de intentos fallidos.

NOSOTRAS las que no tenemos miedo, las que no tenemos nada, Hacemos un llamamiento mundial a la desobediencia, un soplo de aires de revuelta que obligue a los gobernantes y toda la elite de autoridad, desde la corona hasta el ejercito, pasando por los parlamentos y sin olvidar a los banqueros, a desistir en su empeño de sostener este sistema Capitalista genocida, nosotras LAS NADIE, alzamos hoy la voz para que se nos unan otras nadie, personas sin nada, negadas de la existencia, precarias, olvidadas, gente de a pie y por debajo de, las personas que día a día sostienen una vida invivible, las que tienen que cruzar fronteras inhumanas, las que tienen que engordar al patrón, las que tienen que aguantar al Cabron dentro y fuera de casa, las mendigas, las putas, las negras, las que no son aceptadas, las que son explotadas y las que no lo son, las que no comieron ayer, Somos todas ellas...pero también es un grito a quienes tienen esos micro-privilegios, a que se revelen por un mundo nuevo, ahora es hora de posicionarse, o con nosotras perdiendo privilegios, o con ellos perdiendo libertades...

Este 5 de Noviembre será inolvidable!!!

Lo juran:
"Las Nadie"


Únete a la resistencia!
Provoquemos la Paz!!

27 de juliol, 2012

Zizek encore


…How will that happen? “I’m a pessimist in the sense that we are approaching dangerous times. But I’m an optimist for exactly the same reason. Pessimism means things are getting messy. Optimism means these are precisely the times when change is possible.” And what are the chances that things won’t change? “Ah, if this happens then we are slowly approaching a new apartheid authoritarian society. It will not be – I must underline this – the old stupid authoritarianism. This will be a new form, still consumerist.” The whole world will look like Dubai? “Yes, and in Dubai, you know, the other side are literally slaves.”

04 de juny, 2012

CARTAS A LOUISE COLET. Gustave Flaubert (1821-1880)


A patrulladesalvacion.com 


El éxito y la gloria:
Croisset, 16 de octubre de 1846.

No, no desprecio la gloria; no se desprecia lo que no se puede alcanzar. Ante esa palabra mi corazón ha vibrado más que otros. Antes pasé largas horas soñando con triunfos asombrosos para mí, cuyos clamores me hacían estremecerme como si ya los hubiese oído. Pero no sé por qué, una mañana me desperté desembarazado de aquel deseo, incluso más enteramente que si hubiera sido satisfecho. Entonces me vi más pequeño, y dediqué toda mi razón a observar mi naturaleza, su fondo, y sobre todo sus límites. Los poetas que admiraba no me parecieron entonces sino más grandes, al estar más alejados de mí, y gocé, con la buena fe de mi corazón, de la humildad que a otro le habría hecho reventar de rabia. Cuando uno vale algo, buscar el éxito es estropearse sin motivo, y buscar la gloria es quizá perderse completamente. Pues hay dos clases de poetas. Los más grandes, los raros, los auténticos maestros, resumen la humanidad; sin preocuparse de sí mismos ni de sus propias pasiones, dando al traste con su personalidad para absorberse en las de los demás, reproducen el universo, que se refleja en sus obras, resplandeciente, variado, múltiple, como un cielo entero que se refleja en el mar con todas sus estrellas y todo su azul. Hay otros que no tienen más que gritar para ser armoniosos, llorar para enternecer y ocuparse de sí mismos para seguir siendo eternos. Quizá no habrían podido ir más lejos haciendo otra cosa; pero, a falta de amplitud, tienen ardor y elocuencia, de manera que si hubiesen nacido con temperamentos distintos, quizá habrían carecido de genio. Byron era de esa familia; Shakespeare de la otra. En efecto, ¿quién me dirá lo que Shakespeare amó, lo que odió, lo que sintió? Es un coloso que espanta; cuesta creer que fuera un hombre. Pues bien, la gloria la queremos pura, auténtica, sólida como la de esos semidioses; nos alzamos y nos empinamos para llegar hasta ellos; recortamos del talento propio las ingenuidades caprichosas y las fantasías instintivas, para hacerlas entrar en un tipo convenido, en un molde prefabricado. O bien, otras veces tenemos la vanidad de creer que basta, como a Montaigne y a Byron, con decir lo que pensamos y lo que sentimos para crear cosas bellas. Esta última actitud es quizá la más prudente para las personas originales, pues con frecuencia tendríamos muchas más cualidades si no las buscásemos, y cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa. Así pues, volviendo a mí, no me vi ni lo bastante alto como para crear auténticas obras de arte, ni lo bastante excéntrico para llenarlas solamente de mí mismo. Y como no tengo la habilidad necesaria para procurarme el éxito, ni genio para conquistar la gloria, me condené a escribir para mí solo, para mi propia distracción personal, igual que se fuma y se monta a caballo. Es casi seguro que no mandaré imprimir ni una línea, y mis sobrinos (digo sobrinos en sentido propio, pues no quiero más posteridad familiar que de la otra, con la que no cuento) harán probablemente tricornios de papel para sus niños con mis novelas fantásticas, y usarán como pantalla para las velas de su cocina los cuentos orientales, dramas, misterios, etc., y otras pamplinas que yo escribo con toda seriedad en hermoso papel blanco. Aquí está, querida Louise, de una vez por todas, el fondo de lo que pienso sobre este asunto y sobre mí mismo.


  Escribir:

Croisset, 12 de junio de 1852.

(…) Desde la época en que escribía preguntándole a mi criada las letras que había que emplear para trazar las palabras de las frases que yo inventaba, hasta esta noche en que la tinta se seca sobre las tachaduras de mis páginas, he seguido una línea recta, incesantemente prolongada y trazada a cordel a través de todo. Siempre he visto la meta retroceder ante mí, de año en año, de progreso en progreso. ¡Cuántas veces he caído de bruces en el momento en que me parecía tocarla! No obstante, siento que no debo morir sin haber hecho rugir en alguna parte un estilo como el que oigo en mi cabeza, y que será capaz de dominar la voz de los loros y de las cigarras. Si alguna vez llega ese día que esperas, en que la aprobación de la multitud siga a la tuya, las tres cuartas partes y media del placer que yo obtenga se deberán a ti, pobre mujer, querida mujer, que tanto me has querido. Mi corazón no es ingrato; jamás olvidará que mi primera corona la trenzaste tú, y la colocaste sobre mi frente con tus mejores besos. Pues bien: hay cosas más próximas, que anhelo más que todo ese estrépito que se comparte con tanta gente. ¿Acaso sabe uno, por muy conocido que sea, cuál es su justo valor? Las incertidumbres sobre uno mismo que se sienten en la oscuridad se llevan hasta que se es célebre. ¡Cuántas gentes, entre las mejores, han muerto devoradas por esa incertidumbre, empezando por Virgilio, que quería quemar su obra! ¿Sabes lo que aguardo? Es el momento, la hora, el minuto en que escriba la última línea de alguna obra mía extensa, como Bovary u otras, cuando, recogiendo de inmediato todas las hojas, iré a llevártelas, a leértelas con esa voz especial con la que me arrullo, y me escucharás, y te veré enternecerte, palpitar, abrir los ojos. De todos modos, limitaré a eso mi goce.

16 de noviembre de 1852.

(…)

Se escribe con la cabeza. Si el corazón la calienta, mejor; pero no hay que decirlo. Debe ser un horno invisible, y así evitamos divertir al público con nosotros mismos, cosa que encuentro repugnante o demasiado ingenua, y la personalidad de escritor, que empequeñece siempre una obra.

15 de enero de 1853.

(…)Tardé cinco días en escribir una página la semana pasada, y para eso lo había dejado todo: griego, inglés…; no hacía más que eso. Lo que me atormenta en mi libro es el elemento entretenido, que resulta mediocre. Faltan hechos. Yo sostengo que las ideas son hechos. Es más difícil interesar con ellas, ya sé, pero entonces la culpa es del estilo. Así, ahora tengo cincuenta páginas seguidas en que no hay ni un acontecimiento: es el panorama continuo de una vida burguesa y de un amor inactivo, amor tanto más difícil de describir cuanto que es a la vez íntimo y profundo; pero, ay, sin desmelenamientos internos, pues mi caballero es de naturaleza tibia. Ya he tenido algo análogo en la primera parte. Mi marido ama a su mujer de manera parecida a como lo hace mi amante. Son dos mediocridades en el mismo ambiente, y que no obstante es preciso diferenciar. Si sale bien, creo que resultará excelente, pues es pintar color sobre color, sin ningún tono contrastado (cosa que es más fácil). Pero temo que todas estas sutilezas aburran, y que el lector prefiera ver más movimiento. En fin, hay que hacer las cosas como se han planeado. Si quisiera poner acción, obraría en virtud de un sistema, y lo estropearía todo. Hay que cantar con el propio registro de voz; y la mía nunca será dramática ni atractiva. Estoy convencido, por lo demás, que todo es cuestión de estilo, o más bien de carácter, de aspecto.

(…)

Croisset, 29-30 de enero de 1853.

Sí, querida Musa, tenía que escribirte una larga carta, pero he estado tan triste y fastidiado que no he tenido valor. ¿Será el ambiente, que me invade? Me siento cada vez más fúnebre. Mi puta y condenada novela me da sudores fríos. En cinco meses, desde fines de agosto, ¿sabes cuánto he escrito? ¡Sesenta y cinco páginas! ¡Y de ellas, treinta y seis después de Mantes! Lo releí todo anteayer, y me asustó lo poco que es y el tiempo que me ha costado (no cuento el esfuerzo). Cada párrafo es bueno en sí, y hay páginas perfectas, estoy seguro. Pero precisamente debido a eso, no funciona. Es una serie de párrafos modelados, completos, y que no montan unos sobre otros. Va a ser preciso desatornillarlos, aflojar las juntas, como se hace con los mástiles de barco cuando se quiere que las velas tomen más viento. Me agoto en realizar un ideal que quizá es absurdo en sí. Mi tema a lo mejor no implica este estilo. ¿Dónde estáis, felices tiempos de San Antonio? ¡Entonces escribía con mi «yo» entero! Sin duda es culpa del espacio; ¡el fondo era tan endeble! Además, el punto medio de las obras largas siempre es atroz (mi libro tendrá de cuatrocientas cincuenta a cuatrocientas ochenta páginas, más o menos; voy por la página 204). Cuando regrese de París, pienso no escribir durante quince días, y hacer el boceto de todo este final hasta el polvo, que será el límite entre la primera parte y la segunda. Aún no estoy en el punto al que creía podría llegar para la época de nuestro encuentro en Mantes. ¡Fíjate qué diversión! En fin, sea como Dios quiera. Dentro de ocho días estaremos juntos; esa idea me dilata el pecho.

(…)


Croisset, 23 de diciembre de 1853.

Hace falta quererte para escribirte esta noche, pues estoy agotado. Tengo un casco de hierro en el cráneo. Desde las dos de la tarde (salvo unos veinticinco minutos para cenar) escribo Bovary, estoy en su polvo, de lleno, en la mitad; sudan y tienen un nudo en la garganta. Éste es uno de los raros días de mi vida que he pasado en la ilusión, completamente, de cabo a rabo. Esta tarde, a las seis, en el momento en que escribía «ataque de nervios», estaba tan excitado, gritaba tan fuerte y sentía tan hondamente lo que experimentaba mi mujercita, que he temido sufrir uno yo mismo. Me he levantado de la mesa y he abierto la ventana para calmarme. La cabeza me daba vueltas. Ahora tengo grandes dolores en la espalda, en las rodillas y en la cabeza. Estoy como un hombre que ha jodido demasiado (perdón por la expresión), es decir, en una especie de agotamiento lleno de embriaguez. Y ya que estoy en el amor, es justo que no me duerma sin enviarte una caricia, un beso y todos los pensamientos que me quedan. ¿Saldrá bien? No lo sé (me estoy dando algo de prisa, para mostrar a Bouilhet un conjunto, cuando venga). Lo que es seguro es que desde hace ocho días esto avanza rápido. Que siga así, pues estoy cansado de mis lentitudes. ¡Pero temo el despertar, las desilusiones de las páginas copiadas de nuevo! No importa; bien o mal, es algo delicioso el escribir, el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de la que uno habla. Hoy por ejemplo, hombre y mujer simultáneamente, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrarse sus párpados anegados de amor. ¿Es orgullo o piedad, es el necio desbordamiento de una satisfacción exagerada de sí mismo, o bien un instinto religioso vago y noble? Pero cuando rumio estos goces, después de haberlos experimentado, me sentiría tentado de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme. ¡Bendito sea por no haberme hecho nacer vendedor de algodón, autor de vodeviles, hombre ingenioso, etc.! Cantemos a Apolo como en los primeros días, aspiremos a pleno pulmón el aire frío del Parnaso, golpeemos nuestras guitarras y nuestros címbalos y giremos como derviches en la eterna algazara de las Formas y de las Ideas:



“Qué le importa a mi orgullo que un pueblo vano me ensalce… “



Debe de ser un verso del señor de Voltaire, no sé de dónde; pero eso es lo que hay que pensar.

(…)

Croisset, 13 de marzo de 1854.

Hoy me ha sucedido lo que no me había ocurrido desde hacía muchos años, y es el escribir toda una página en el día. La he escrito desde las ocho hasta ahora, que es medianoche. Decididamente, tomo la resolución de acostarme antes. Necesito de vez en cuando panzadas de sueño. Y hoy, que había dormido la noche pasada doce horas seguidas, me he sentido fresco y atrevido, joven, en una palabra. Está todo dicho. Espero que esto va a marchar, so pena de volver a caer más tarde en agua muerta, como dicen los marinos. Pues nunca voy, en nada, a un ritmo igual. Sólo mi voluntad sigue una línea recta, pero todo el resto de mi individuo se pierde en arabescos infinitos. Cuesta un esfuerzo diabólico enderezar todas esas curvas, adelgazar lo que está demasiado gordo y engordar lo flaco en exceso.

(…) Fuente: Cartas a Louise Colet de Gustave Flaubert. (Siruela, 2003). Las cartas de Flaubert a su amante aquí recogidas van de 1846 a 1855, tiempo en que el autor escribió Madame Bovary.

03 d’abril, 2012

Una declaración de ERNESTO SABATO en 1961 (A Neorrabioso)



 

de Neorrabioso  

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¿Qué es un intelectual para mí? Un hombre de ideas y de libros. ¿Para qué sirve? Entre otras cosas, como se ha visto, para convulsionar al mundo (como lo prueban dos libros: el Evangelio y el Manifiesto Comunista) y para levantar a las masas con alpargatas. ¿Qué papel debe desempeñar el día que se arme? Luchar por las ideas que defendió antes en el papel. Luchar, si es necesario, con el fusil en la mano


ERNESTO SABATO, recogido por Hugo Montero en Ernesto Sabato: Mejor no hablar de ciertas cosas, Revista Sudestada Nº 27 Abril 2004. Todo el artículo AQUÍ
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18 de març, 2012

Pere Gimferrer sobre la paraula


Hay poetas, como Góngora, Rimbaud, Foix o Mallarmé, pongamos por caso, todos ellos extraordinarios, de quienes el lector no debe esperar que le proporcionen la misma información que proporciona la prosa. Hay personas que difícilmente escapan a la idea, falsa completamente, de que un texto literario consiste no en las palabras, sino en lo que las palabras designan: el texto literario consiste precisamente en las palabras, no en lo que las palabras denominan; pero esta frontera, que a mi juicio está clarísima y que vale tanto para Mallarmé como para una novela de un autor aparentemente tan fácil de leer como Eduardo Mendoza (o como Cervantes o Borges, para el caso es lo mismo), hay muchos lectores que no la captan.

PERE GIMFERRER: "El futuro de la poesía no lo deciden ni los premiados ni los académicos, sino los jóvenes", entrevista de Ana María Moix, El País, 26 de septiembre de 2001. Toda la entrevista AQUÍ


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